Kontrabando abre sus puertas… … y Piscus se va.
Me es inimaginable pensar en un mundo sin redes sociales, facebook, twitter, instagram, pinterest, foursquere, path, linkedin, youtube, google, google+, gmail, e mail, junk mail, mail….
Y así, cada día una nueva plataforma en la que la conexión se vuelve tan inmediata, y de alguna forma indirecta, que se pierde un sentido de esta realidad para cobrar vida en otra, en la que vivimos a través del monitor y que día con día se vuelve no sólo indispensable pero parte de quiénes y qué somos.
Pero, qué pasa el día que esta cantidad de plataformas, redes, comunicaciones, se vuelve más que mero entretenimiento, se vuelve tu trabajo?
Hoy, después de 1 año 6 meses de trabajar en Kontrabando, puedo decir que cuando se trata de tu trabajo empiezas a descubrir infinitas posibilidades, vías de comunicación virtuales, pero adheridas a una nueva forma de comunicar, de conversar, de vender, de hablar con tu consumidor, de relacionarte con el cliente desde un universo totalmente nuevo, creciente y masivo que lleva a la interrelación prácticamente automática.
Sin darnos cuenta, sin pensarlo, sin saber ni cómo ni cuándo, las redes forman parte de lo que somos, de quiénes somos y, hablando en lo particular, las redes se volvieron parte de mí. Desde medidas de tabs, hasta desarrollo de apps, sin saber cómo y de ser prácticamente recién egresada de diseño grafico llegué aquí.
Vueltas de la vida y la incertidumbre política (not really) me llevan a abandonar mi amado trabajo, y con ello a abandonar a mis tan queridos amigos.
Todos los días, después de aproximadamente hora y media de obras en periférico, mentadas de madre, trafico y contaminación llego a KTBO, donde con la primera taza de café endulzada con dos splendas, sin saludarlos a todos de beso (me parece cansado) con un particular tono de voz, grito: “Morning” y empieza…
Y empezó. Cuando llegue éramos 11, hoy me voy y somos 23, cada uno infinitamente divertido, especial, diferente, inteligente, chambeador. Hemos compartido tantas cosas, tantas risas, tantos chistes, bromas, hackeos de cuentas, algunas borracheras y muy pocas ocasiones en las que “no todo fue de color rosa”.
Es por todo esto que quien se quede con mi lugar, y de corazón lo digo, se queda con un gran lugar, una oportunidad de aprender tanto y de tanta gente, tan diferentes unos de otros y todos tan nobles; admirables humanos con los que van a trabajar.
Lo único que los puedo decir a todos los kontrabandos es que los quiero de amor, los voy a extrañar, y gracias malditos perruchos.
Les deseo a todos todo lo mejor.